
Colgué las brujas en las ventanas, el esqueleto cerca de la chimenea y la calabaza la dejé sobre la mesa para ambientar mi "cena para dos", es decir: para mí y mi amigo invisible. Luego coloqué el muérdago bajo la entrada de la puerta para atraer el espíritu de algún hombre guapo que se enamorara perdidamente de mí aquella noche y me dispuse a encender la chimenea. Normalmente hacía servir la calefacción central pero aquella noche, creaba más ambiente el calor del hogar.
Me acerqué a la chimenea y dispuse las ramas tal y como había visto hacer en las películas. Evidentemente, no conseguí que estas prendieran. Era más sencillo verlo que hacerlo.
Dejé a un lado el atizador y me acerqué a la cocina para combatir el frio con una buena copa de L'Ermita del año 2004 de Priorat, comprado expresamente para la ocasión en la conocida tienda "Tinto Fino", situada en el East Village. Los 440 dólares que me había costado la botella deberían bastar para que el preciado vino tuviera el mismo efecto que una buena calefacción. Descorché la botella y me serví una copa. Luego me dispuse a preparar el carpaccio.
Entonces llamaron a la puerta.